¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

Nostalgia, aparece y desaparece cuando menos te lo esperas dejando un sabor agridulce y quizá desconcertante. Si la nostalgia fuera un día de la semana sobra decir que sería un domingo por la tarde, pero de verano, para despistar.

En mayor o menor medida, todos hemos experimentado alguna vez este sentimiento tan ambivalente. Suele arrastrar resquicios de tristeza, pero contradictoriamente viene acompañado de cierta alegría. Yo me lo imagino como un monigote pequeño e indeciso caminando entre las dos emociones, sin saber muy bien por cuál decidirse.

Tu camiseta, esa que siempre te quedaba bien con todo y te reservabas para las ocasiones más especiales, la cartera de velcro repleta de fotos tamaño carné de amigos que fueron y ya no son, ese pub de la esquina al que solías ir a beber jarras, escuchar buena música y jugar al futbolín, pero: ¡Oh mundo cruel! ahora es un Covirán. C´est la vie…

Sin embargo, ¿y si hablamos sobre la nostalgia de lo no vivido? ¿Os dice algo? Es totalmente posible sentir nostalgia de algo que nunca hemos experimentado, al menos en mi caso sí. ¿El por qué? No sabría decirlo. Apuesto a que a nivel científico tiene una explicación súper lógica relacionada con cualquier hormona rara de esas que tenemos por ahí rondando, pero a mí eso no me interesa, yo me quedo con lo irracional, lo emocional; siempre me he sentido mucho más cómoda ahí.

Tengo que admitir que mi fetiche nostálgico por excelencia son los años 80, muy especialmente en lo relativo a su música. Canciones que me transportan a lugares en los que nunca he estado, momentos que jamás he vivido, e incluso me traen recuerdos de personas a las que no he conocido. 

Puede que la buena publicidad que tiene esta década, posiblemente erróneamente edulcorada, haga que me sienta aún más atraída por ella. Nací a finales de los 80 así que evidentemente ni viví la famosa “movida” ni nada que se le parezca. Sin embargo, me resulta totalmente familiar y aunque no estuviera allí es como si casi pudiera sentir cómo fue todo aquello.

La hora mágica, todo ocurre ahí. No os confundáis, no me refiero a la hora perfecta para hacer fotos bonitas, sino a ese crepúsculo en el que aumenta la intensidad de los colores en el cielo, pero al mismo tiempo se desata esa nostalgia por lo desconocido creando un ambiente único.

No puedo evitar escuchar “Una noche sin ti” y visualizarme a mí misma en un concierto de Burning al que jamás asistí en otro tiempo y en otra ciudad.

Cualquier canción de Loquillo y de manera muy especial “Cadillac solitario” me trae a la memoria algunos de los recuerdos más bonitos de mi vida. Se entremezclan los que realmente viví con los que nunca sucedieron y a su vez afloran los recuerdos que están por llegar, esos que deseo con todas mis fuerzas que ocurran.

Como dice la maravillosa canción que da título a esta entrada: “Los años te delatan, nena, estás fuera de sitio”. Así es, a veces siento que no acabo de encajar en mi generación. Creo que me habría encantado vivir mi juventud en aquella época no tan lejana rezumante de creatividad y que sin duda supuso un soplo de aire fresco en nuestra sociedad. No quiero decir con esto que no me guste vivir el presente, si bien os tengo que confesar que me encanta perderme de vez en cuando por mi San Junipero particular. Os espero en Rock-Ola a la hora de siempre.

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