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Imagen de Leandro Barea

Pues por la gracia de la casualidad, me ha tocado a mí la última entrada al blog del año. Y con mi afán de ponerme gasolina para desayunar porque nunca me gustó el Colacao, he decidido no caer en la tentación de dejar un toque positivo en este texto para intentar hacer relucir los últimos posos que quedan del año pero que tampoco me deje llevar la siempre fácil apatía. No familia. El año se acaba y ya está. Que no es poco, ya que podría tener un final abierto, como Los Soprano o que volviera a la vida como los asesinos en el cine Slasher. Sinceramente, parece que continuará con otra temporada. Peor escrita quizás y con un reparto menos carismático (será difícil suplir a Donald).

Aún así, seguiremos conectados. Nos hemos convertido en profesores cibernéticos. Esa imagen futurista que imaginábamos en los 80 mientras íbamos al trabajo en patines pero que, por supuesto, ha resultado tener una rutina muy distinta. En lugar de conectarnos a clase a través de nuestra cibertostadora, pasamos el tiempo investigando nuevas apps, ajustando el volumen del micrófono, encuadrando una imagen en una infografía, o tratando de pronunciar correctamente SEO, CEO, SCEO o lo que de toda la vida se ha conocido como hacerse el chulo en clase para llamar la atención de la chica o el chico que te gusta.

La verdad es que echo de menos ciertas bromas que podía hacer durante clase en el tú a tú. Aunque enviar un gif de un trozo de pizza feliz para darles la enhorabuena a mis estudiantes tras corregir un ejercicio, es una novedad gratificante. Limpiar los platos al mismo tiempo que estás en una reunión mientras discutes nuevas operaciones tampoco lo imaginaba, pero creo que para todos estaba claro que el cuidado en mantener una correcta fragancia corporal para las clases, sería diferente. Para algunos no ha sido una novedad, lo sé. Pero el hecho de poder mantener el 50% de tu pijama perpetuamente, ese secreto entre tú y la ducha sobre la frecuencia en que la visitas, o la facilidad para poder abrir la ventana y dejar salir el café del desayuno, es algo que durante las clases tradicionales, habría tenido otra aceptación.

La conclusión es que a todo nos adaptamos. Yo he pasado de odiar la palabra “emprendedor” y “linkelin”, a tener una hoja en sucio con toda la información para pagar impuestos y sentir cierto placer en ello. Pero bueno, hasta aquí puedo decir por ahora. Sirva este texto como remate ameno a un año en el que he intentado amenizar miles de ocasiones. Espero que todo lo que hemos hecho en Tu Profe en un Click haya servido para ello y más. La verdad es que nosotros estamos orgullosos. Teníamos un montón de escombros y nos pusimos a jugar a los Legos, con el único propósito de crear tejados y ventanas.

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